Dolor. Ese que todos conocemos

Todos hemos sentido dolor alguna vez. Esta entrada es para que aprendamos cómo surge el dolor, qué características tiene y qué podemos hacer en casa para combatirlo.

Empezamos por el principio, ¿qué es el dolor?

El cuerpo humano está diseñado para realizar muchas funciones. La digestión, la contracción de los músculos o la respiración son algunas. Sin embargo, al interactuar con el entorno, el organismo puede también sufrir agresiones. Esas agresiones a veces las causan otros organismos, como los virus o las bacterias. A veces se deben a golpes, exposiciones al calor o al frío o al contacto con algún químico. En ocasiones es porque nos excedemos con algo sobrecargando alguna parte del cuerpo, como los músculos y los tendones si nos ejercitamos demasiado, el aparato digestivo si comemos más de la cuenta o el aparato respiratorio si fumamos.

Sin embargo, podemos resumir todas esas agresiones en 3 tipos: mecánicas (producidas por tracciones, compresiones o cortes), térmicas (causadas por el calor o el frío) y químicas (originadas por productos que reaccionan con el cuerpo y lo alteran).

Todas esas agresiones son capaces de producir daños en el cuerpo. Para protegernos frente a ellos existe todo un sistema que se encarga de detectarlos, interpretar qué es lo que los ha producido y hacer que evitemos su origen mientras actúan los sistemas reparadores.

El dolor es la percepción consciente de ese daño. Es el síntoma que aparece, como norma general, cuando algo en el cuerpo se rompe o está a punto de romperse.

El dolor comienza encontrando desperfectos y dando una señal de alarma

Repartidas por todo el cuerpo hay un montón de terminaciones nerviosas que están especializadas en detectar zonas que estén deterioradas, muy sobrecargadas o directamente rotas. Son los llamados nociceptores y son sensores cuya función es buscar continuamente zonas defectuosas.

Cada uno de ellos es capaz de detectar daños en una parte del cuerpo y, cuando lo hacen, mandan una señal eléctrica que viaja por los nervios hasta que llega al cerebro. Una vez allí es cuando nosotros notamos el dolor. Este proceso por el que somos conscientes del dolor se llama algesia.

Además, el cerebro es capaz de saber más o menos qué es lo que ha pasado y cuánto daño ha habido. La algesia es capaz de distinguir, por ejemplo, entre una quemadura o un pinchazo y permite saber si te has quemado un dedo o la mano entera.

Pongamos un ejemplo. Imagina que pones a calentar una taza de leche en el microondas y que, cuando la vas a coger, está más caliente de lo que esperabas. Cuando tocas la taza, la energía térmica que recibe tu piel hace que se produzca un daño. Los nociceptores que están allí se activan y le mandan una señal al cerebro para que lo sepa. Una vez que la señal llega al cerebro es cuando tú notas el dolor. Además, notas el dolor solamente en el dedo y, aunque tuvieras los ojos cerrados, sabrías decir dónde te has quemado y cuánta superficie de tu dedo se ha visto afectada.

Ahora hay que ponerle remedio

En cuanto el cerebro se entera de que alguna parte del cuerpo está dañada o en peligro, activa mecanismos para protegernos.

El primero es retirarnos de la fuente del dolor. Para ello, se manda una orden a los músculos de la zona afectada para que nos apartemos. Volviendo al ejemplo anterior, una vez que te has quemado con la taza de leche, tu cerebro les dice a los músculos de tu brazo que retiren la mano de la taza.

Lo siguiente es intentar mitigar el dolor. Para ello, es muy frecuente estimular el sentido del tacto. Las señales táctiles viajan hasta el cerebro más rápido que las del dolor. Para cuando las señales del dolor alcanzan al cerebro, este está ocupado con las señales táctiles y entonces no se produce la algesia.

De nuevo con el ejemplo de la taza de leche. Una vez que te has quemado y has retirado la mano, es probable que la agites o la frotes. Eso hace que, al mismo tiempo que se generan señales de dolor, se producen también estímulos táctiles y mecánicos, los cuales llegan al cerebro más deprisa. Por eso, para cuando llegan las señales del dolor, el cerebro está ocupado con las táctiles y tú el dolor no lo notas.

Por último, se ponen en marcha mecanismos reparadores. Estos mecanismos normalmente necesitan que la zona afectada haga reposo. Por eso, además de arreglar lo que se haya roto, mantienen un cierto nivel de dolor, para que tú sepas que no te tienes que mover.

Hay veces en que el dolor se extiende más allá del daño

Cuando el estímulo del dolor es muy intenso, nuestro cuerpo produce a veces dolor en una zona más grande de aquella que sufrió el daño. Esto se llama irradiación y da lugar al dolor irradiado.

En el caso de la taza de leche, si la quemadura fue leve, te dolerá justo en la zona que entró en contacto con la taza. Pero si te quemaste mucho (quizá te salió una ampolla), puede que te duela el dedo entero.

Es un fenómeno que a veces nos sirve a los profesionales de la medicina. Imagina que estás en tu centro de salud en una revisión y le dices a tu médico o tu médica que tienes un dolor localizado en la parte externa del codo. Al apretar en esa zona es posible que, aparte de notar dolor donde te están apretando, notes también como que el dolor se desplaza hacia el hombro o hacia la mano. Eso es el dolor irradiado y es una información muy importante.

También puede que haya dolor en sitios alejados del daño

El cerebro está continuamente recibiendo señales desde todo el cuerpo. Algunas informan de agresiones, pero también hay estímulos mecánicos, térmicos o químicos que no siempre producen daño.

En ocasiones, cuando todas esas señales llegan al cerebro, pueden mezclarse y producir dolor en un sitio alejado del daño.

Eso es el motivo por el que algunos problemas de corazón, como un infarto, pueden dar dolor en el brazo izquierdo. Las señales del corazón y del brazo izquierdo llegan a zonas parecidas del cerebro y, cuando se activan los nociceptores de una, puede haber mezclas y que el cerebro piense que se han activado los nociceptores de la otra.

Este fenómeno da lugar al dolor referido.

Lo normal es que la intensidad del dolor sea proporcional al daño

Pero hay ocasiones en que esa proporción no se mantiene.

Cuando se produce un dolor desproporcionadamente intenso en relación con el daño hablamos de hiperalgesia. Ocurre por ejemplo en las personas muy ansiosas, en las que los nociceptores están muy activos y producen señales más fuertes de lo que corresponde. Ello da dolores graves ante agresiones leves.

También puede aparecer dolor ante un estímulo que no debiera generar dolor. Este fenómeno se llama alodinia. Piensa en el verano cuando te quemas la espalda. En esas circunstancias puedes notar dolor por el contacto con la ropa que, en condiciones normales, no debería producir dolor.

Por otro lado, cuando una lesión produce un dolor desproporcionadamente débil hablamos de hipoalgesia. Les ocurre a los niños cuando están jugando y no se enteran de que se hacen cortes o se dan golpes. Su cerebro está tan pendiente de la actividad que estén haciendo que, aunque le lleguen señales desde los nociceptores, las va apagando para no distraerse. Luego, cuando llegan a casa, es cuando les duele todo.

El grado máximo de hipoalgesia es la analgesia, que es cuando no se siente dolor en absoluto. Normalmente necesita de fármacos. Es lo que hace el dentista cuando te pone una inyección en la boca para poder sacarte una muela y que no te duela, pero sí que notes la tracción y la presión que hace. También ocurre en las mujeres embarazadas cuando se ponen de parto y se les pone la epidural; con ella se consigue que no haya dolor, pero sí que noten la presión del útero o los empujones de su bebé para que puedan hacer fuerza y colaborar con el parto.

No hay que confundirlo con la anestesia, que es cuando no hay ninguna sensación, ni dolor, ni calor, ni presión, ni nada.

También puede haber dolor cuando se dañan los nervios

Cuando se lesionan las fibras nerviosas que transmiten el dolor desde los nociceptores hasta el cerebro, aparece un tipo de dolor que se llama dolor neuropático.

Es el dolor que aparece, por ejemplo, cuando hay un herpes zóster, que es un virus que se aloja en los nervios y, cuando prolifera, los lesiona y produce dolor.

Características del dolor

Siempre que se hable de este síntoma deben describirse, al menos, las siguientes características: localización, duración, intensidad, carácter, irradiación, horario, factores desencadenantes, modificadores y finalizadores y síntomas asociados.

Localización

Lo primero es indicar dónde duele.

A veces el dolor está muy localizado y se puede indicar con detalle. Por ejemplo, «me duele la parte de atrás de la rodilla, justo en el centro». Cuando el dolor está centrado en una zona pequeña y muy concreta, se dice que es un dolor a punta de dedo, porque generalmente puede señalarse con precisión.

En ocasiones, en cambio, el dolor es impreciso y es difícil señalar con exactitud. En estos casos solamente se pude indicar una zona amplia. Por ejemplo, «me duele la barriga».

Duración

Sirve para saber desde hace cuánto que hay dolor. Puede expresarse en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses o años.

Expresiones como «mucho», «poco» o «bastante» son imprecisas y pueden significar cosas diferentes según a quién le preguntemos. Hay gente que con un dolor de 3 horas te dice que le duele mucho tiempo y otros con dolores de varios meses te dicen que no les duele desde hace mucho.

También hay un tipo de expresión muy común, del tipo «el dolor lleva tiempo» o «me duele ya tiempo». Son frecuentes cuando el dolor dura más de unos pocos días. Es una forma de indicar que no se sabe exactamente la duración del dolor, pero que es suficiente como para que sea importante. Esto es un problema porque ese límite depende de cada persona. Ese «me duele ya tiempo» pueden cualquier duración (3 semanas, 6 meses, 2 años…).

Es importante especificar un periodo concreto. «Me duele tiempo» puede significar cosas distintas según quién lo indique, pero 2 meses son lo mismo para todo el mundo.

Intensidad

Informa sobre lo fuerte que es el dolor.

De nuevo aquí son frecuentes las descripciones ambiguas como «mucho», «poco» o «bastante». Está claro que cada persona percibe la intensidad de una manera y lo que para uno es mucho dolor puede ser poco para otro.

Sin embargo, hay que intentar ser algo más preciso. Para ello podemos usar varias herramientas:

  • Escala numérica. Consiste en valorar el dolor del 0 al 10, siendo 0 ausencia de dolor y 10 el máximo dolor soportable.
  • Escala visual. Consiste en mostrar una línea que en un extremo significa ausencia de dolor y el en otro el máximo dolor soportable. Puede mostrar colores; por ejemplo, verde para leve, amarillo para moderado, naranja para intenso y rojo para muy intenso. También puede mostrar dibujos de rostros; sonriendo para leve, serio para moderado, triste para intenso y llorando para muy intenso. Estas escalas son muy útiles en niños, que no son capaces de describir con detalle el dolor, pero entienden un código de colores o de rostros.

El dolor es algo que va cambiando, por lo que también es válido describir la intensidad en intervalos o indicar una tendencia. Por ejemplo, «sobre 10 me duele entre un 3 y un 8 o «al principio me dolía un 3 pero ahora me duele un 8».

Carácter

Describe la cualidad del dolor. Puede ser de varios tipos:

  • Punzante. El que se nota cuando te pinchas o te clavas algo.
  • Urente. Con sensación de quemazón.
  • Opresivo. Da la sensación de que se está comprimiendo la zona afectada.
  • Tensional. Parece que algo se está estirando hasta su límite.
  • Lacerante. Se describe como extremadamente intenso y con sensación de desgarro interno.
  • Sordo. Impreciso, difícil de describir.

Irradiación

Tal y como hemos descrito antes, hay veces que duele una zona concreta y hay veces que ese dolor parece desplazarse a algún otro sitio. Este fenómeno es el que hemos llamado irradiación. Es posible que solamente aparezca si presionamos en la zona del dolor, pero en ocasiones ocurre de forma espontánea.

Horario

Indica la parte del día en la que el dolor aparece o es mayor. Como norma general, el dolor disminuye durante el día y empeora por la noche. Pero pueden pasar también, por ejemplo, que te duela más por la mañana que por la noche o más entre semana que en los fines de semana.

Factores desencadenantes, modificadores y finalizadores

Cuando se tienen identificados, es muy interesante saber si hay alguna circunstancia que haga que el dolor comience o haga que se alivie o se agrave o haga que desaparezca.

Esas circunstancias pueden ser actividades, alimentos, posturas, lugares que visitas, cosas que huelas, cambios de tiempo o incluso algunos pensamientos.

Estos factores a veces nos explican el horario que sigue el dolor.

Síntomas asociados

El dolor puede presentarse solo pero también puede acompañarse de otras manifestaciones. Si las hay es muy importante describirlas.

Casi cualquier cosa puede aparecer junto con el dolor. Son ejemplos los vómitos, la dificultad respiratoria, el mareo, la diarrea, la presencia de sangrado o hematomas o alteraciones en la vista, por poner algunos ejemplos.

Presencia de un patrón

El dolor puede aparecer como un episodio único de características constantes. Sin embargo, todas sus características pueden ir cambiando y es muy importante que te fijes para ver si eres capaz de distinguir algún patrón en esos cambios.

Pongamos ejemplos

Descripción mala

Tengo así como una molestia en la rodilla, que me duele un montón, ya mucho tiempo, que me va y me viene, a veces se me quita, pero siempre vuelve. He probado un montón de cosas y siempre está igual.

Como puedes comprobar esta descripción no ayuda mucho.

Deja claro que lo que sea que pasa es en la rodilla. Ni siquiera estamos seguros de que sea dolor, porque comienza diciendo que es una molestia, aunque dice también que le duele. Para la intensidad dice «un montón», que no sabemos cuánto es. La duración nos la indica con «ya mucho tiempo», que tampoco sabemos cuánto es. Dice que «me va y me viene» pero no está claro si se refiere a que la intensidad va cambiando o a que se irradia en varias direcciones. Nos dice que «a veces se quita, pero siempre vuelve» lo que parece traducir una intensidad variable. Refiere «he probado un montón de cosas y siempre está igual» con lo que parece que no hay factores desencadenantes, ni modificadores ni finalizadores ni sigue ningún patrón, lo cual es algo contradictorio con esa intensidad variable que parecía indicar antes.

Este tipo de situaciones son muy comunes en la consulta. Se trata de pacientes que, aunque tienen claro que notan algo desagradable en alguna parte del cuerpo, no se han parado a analizar sus características y acuden al centro de salud con muchos conceptos inconexos que generan mucha confusión.

Descripción buena con pocos detalles

Me duele la barriga desde hace unos 5 días, no sabría decir dónde pero más o menos por la boca del estómago y no se mueve de ahí. Noto como si me quemara. De 0 a 10 me duele un 5 como máximo. Me duele más cuando me tumbo y cuando como mucho. Por la noche es peor. Cuando estoy muchas horas sin comer se me alivia y hay veces que se me quita del todo. No tengo nada aparte del dolor. No he encontrado ningún patrón.

Esta descripción es muy buena porque, aunque no se han encontrado todas las características, sí que se habla sobre ellas:

  • Localización: la boca del estómago.
  • Duración: 5 días.
  • Intensidad: 5 sobre 10 como máximo.
  • Carácter: urente («como si me quemara»).
  • Irradiación: no hay.
  • Horario: más por la noche.
  • Factores desencadenantes: tumbarse y comer mucha cantidad.
  • Factores modificadores: ayunar.
  • Síntomas asociados: no hay.
  • Patrón: no lo ha encontrado.

Descripción buena y detallada

Tengo un dolor en la parte trasera de la cabeza, en la zona de la nuca, que parece que va recorriendo la cabeza hasta la frente. Me dura ya 3 semanas, con una intensidad de 7 sobre 10. Es como si me apretaran con un casco que me queda pequeño. Empieza por la mañana cuando llevo muchas horas trabajando delante del ordenador y se me calma cuando llego a casa y descanso, aunque cada vez veo que se me calma menos. A veces, cuando me duele mucho, me molestan la luz y los sonidos.

Como ves, esta descripción es muy buena porque incluye todas las características del dolor:

  • Localización: la cabeza, concretamente la parte posterior de la nuca.
  • Duración: 3 semanas.
  • Intensidad: 7 sobre 10.
  • Carácter: opresivo («como si me apretaran»).
  • Irradiación: recorre la cabeza hasta la frente.
  • Horario: más por la mañana.
  • Factores desencadenantes: trabajo delante del ordenador.
  • Factores modificadores: reposo del ordenador.
  • Síntomas asociados: mala tolerancia a la luz y los sonidos.
  • Patrón: el dolor cada vez se me calma menos.

Estas descripciones nos ayudan mucho en la consulta pues, junto a la exploración física, nos permiten en muchas ocasiones saber con certeza qué es lo que está pasando, incluso sin pruebas.

Qué hacer cuando hay dolor

Busca una causa

Es la base, como ocurre con casi todos los signos y síntomas. Suprimir la causa es la mejor forma de combatir el dolor.

Si el dolor ha comenzado con un gesto claro (por ejemplo, que te has quemado) la causa es evidente y suprimirla en general es fácil. A veces no es de forma inmediata. Imagina que llevas una bandeja con un plato muy caliente recién salido del horno y no quieres soltarlo porque se caería al suelo y se estropearía. El dolor no se quitará hasta que dejes de exponerte a la fuente de calor, pero ya tienes la causa identificada.

En otras ocasiones el origen no es tan manifiesto. Si el dolor ha ido instaurándose poco a poco, quizá pasen días o semanas hasta que sea lo suficientemente molesto como para que quieras combatirlo y, para entonces, a lo mejor ya no te acuerdas de qué estabas haciendo cuando comenzó el dolor.

En estas situaciones la búsqueda del origen debe comenzar con el estudio de las características del dolor. Saber cómo es el dolor y qué cosas hacen que el dolor empiece, acabe o se modifique puede dar pistas sobre qué lo está causando. Si encuentras que el dolor sucede asociado a alguna cosa, esa cosa es sospechosa hasta que se demuestre lo contrario. Por ejemplo, si te duele la barriga cada vez que tomas cierto alimento, quizá dicho alimento te esté sentando mal; si ves que te duele el brazo cada vez que juegas al tenis y se te alivia si dejas de jugar, todo apunta a que te estás haciendo daño en los partidos.

Si con esto no consigues dar con el origen, lo siguiente es consultar en tu centro de salud. Una semana es un plazo razonable en la mayoría de los casos.

Combate el dolor solamente si no lo toleras

El dolor es de lo más desagradable que hay. Pero hay que entenderlo como un mecanismo de defensa que nos avisa de que algo está deteriorado o en peligro. Por eso, solamente hay que suprimirlo cuando interfiere con nuestras actividades diarias o cuando es tan intenso que no podemos hacer otra cosa. Ahora bien, no combatirlo no impide que consultes para que estudien el dolor o te hagan pruebas si es necesario.

Si me he dado un golpe en un hombro y me duele, digamos, un 3 sobre 10, lo más probable es que pueda seguir haciendo mis tareas, aunque con alguna dificultad y pueda descansar por la noche. Ese dolor es bien tolerado y no merece la pena hacer más.

Si me he caído por las escaleras y el golpe ha sido muy fuerte, además de hematomas o alguna fisura, el dolor será moderado o intenso, pongamos de 7-8 sobre 10. Este dolor es probable que me impida trabajar, ducharme o recoger mi casa, además de que no me deje dormir. En estos casos el dolor es mal tolerado.

Casos más extremos como una apendicitis producen dolores muy intensos que no solamente impiden hacer una actividad normal, sino que invalidan a la persona.

No obstante, como ya hemos comentado, hay ejemplos para todo y hay gente con afecciones muy graves que notan poco dolor y pacientes con agresiones muy leves que describen un dolor insoportable.

Haz disminuir el dolor hasta que vuelvas a tolerarlo

No hace falta suprimir el dolor por completo. Si un dolor de 8 sobre 10 no lo tolero pero un 4 sobre 10 sí, entonces basta con que el dolor baje hasta el 4 y no hace falta más.

Piensa en el dolor como el piloto del aceite del coche. El piloto solamente significa que algo pasa con el aceite. Si lo apago pero no arreglo el aceite, lo siguiente es que el coche se pare. Como norma general, piensa que, si suprimes por completo el dolor, dejarás de saber cuándo la parte del cuerpo dolorida está en peligro y eso hará que no esté protegida.

Consulta si aparecen señales de alarma

El dolor en general no es algo peligroso en sí mismo. Como ya hemos dicho, es un mecanismo de defensa.

Es muy difícil dar una lista de síntomas y signos de alarma, porque el dolor puede asociarse a casi cualquier cosa. Sin embargo, sí que hay algunos que quisiera destacar:

  • Dolor de tórax opresivo o desproporcionadamente intenso.
  • Dolor de cabeza de alta intensidad.
  • Dificultad respiratoria.
  • Pérdida de consciencia.

En general, cualquier dolor de alta intensidad es motivo para acudir a un profesional de la salud. No obstante, cualquier otro signo o síntoma que te haya indicado tu médico o tu médica como de alarma o que a ti te genere dudas debe hacerte consultar.

¿Cómo manejar el dolor?

Lo primero son las medidas higiénico-dietéticas

Si la has encontrado y es posible suprime la agresión que está causando el dolor.

Cuando la agresión ya no está presente y el dolor es por un daño que ya ha ocurrido, la primera medida contra el dolor es el reposo y el descanso. Cuando duele una parte del cuerpo pequeña, como un dedo, suele ser suficiente con dejar quieta esa parte. Sin embargo, cuando duelen zonas muy amplias o compartimentos clave como el tórax, el abdomen o la cabeza, hacer un reposo relativo y asegurar las horas de sueño ayuda al organismo a utilizar toda su energía en reparar lo que esté roto y, con ello, a resolver la causa del dolor.

Mantén un buen estado de hidratación. La transmisión de señales desde los nociceptores hasta el cerebro necesita de muchas sustancias que deben estar en la sangre a una concentración adecuada. Para eso la cantidad de agua también debe ser adecuada.

Mantén un buen estado de nutrición. Estar en un peso saludable es fundamental (https://branchina.com/mfyc/como-conseguir-o-mantener-un-peso-saludable/). Si pesas demasiado, el deterioro de tu cuerpo es mayor y la tolerancia al dolor es más baja. En cambio, si pesas demasiado poco, tu cuerpo puede que no tenga energía suficiente para hacer las reparaciones que necesita, siendo poco eficiente para combatir el dolor.

Hacer ejercicio de forma regular aumenta el umbral del dolor, que, por tanto, se vuelve más tolerable. Además, mientras haces ejercicio, tus vasos sanguíneos están movilizando nutrientes hasta las células y están retirando productos de desecho, lo que ayuda a que el proceso de reparación de lo que está deteriorado sea más eficiente y hace que el dolor se tolere mejor.

Controlar la ansiedad y el estrés es también muy importante porque mantienen a los nociceptores hiperactivos y hacen que las mismas lesiones generen más dolor.

El frío ayuda cuando el dolor asocia inflamación

Es el caso de los traumatismos o los cortes y procesos como las tendinitis o las artritis.

Aplicado en sesiones de al menos 20 minutos el frío produce analgesia, lo que significa que alivia el dolor.

Debe ser frío seco, es decir, que no vale ponerse un paño húmedo que esté fresco. Debe ser algo frío pero que no aporte humedad. Un bloque de hielo es válido. También sirve cualquier cosa que tengas congelada en el congelador. Existen bolsas de frío específicas que venden en la farmacia o las ortopedias y que aguantan el frío más de lo que tardan las cosas en descongelarse.

Solamente debes tener 2 precauciones.

La primera es que el frío puede producir quemaduras si se aplica directamente en la piel. Para evitar esto envuelve lo que sea que vayas a aplicarte en un paño para protegerte.

La segunda precaución es que no se produzca anestesia, es decir, que no notes nada en absoluto. Lo que queremos con el frío es analgesia, o sea, que no sientas dolor, pero sí otras sensaciones como el tacto. Si llega un punto en el que no notas nada, es que te has pasado de frío. En este caso, deja de aplicarlo y deja que la zona se caliente un poco.

Mientras no llegues a estos extremos (quemaduras o anestesia) puedes tener el frío puesto 24 horas al día. Es un buen recurso si, por ejemplo, vas a estar en tu casa viendo la tele o leyendo.

Por último, siempre escucha a tu cuerpo. Por muy indicado que esté, si te aplicas frío y tienes una sensación desagradable, quizá no te esté haciendo bien. A lo mejor no hay tanta inflamación como pensabas y el frío no es la mejor opción o quizá hay algo de daño en el nervio y el frío está empeorando la situación.

El calor sirve cuando el dolor es por un proceso mecánico

Son ejemplos la artrosis o las contracturas musculares.

Aquí el calor distiende esas estructuras y hace que el dolor se alivie. El calor, en sí mismo, produce además una sensación de tranquilidad que a veces es lo más efectivo.

Normalmente produce efectos más deprisa que el frío, pero 10 minutos parecen un mínimo razonable.

Aquí también hay que tener precauciones. Al igual que pasaba con el frío, el calor puede quemar. Conviene aplicarlo cubriendo el objeto caliente con un paño.

Además, escucha a tu cuerpo. Si ves que aplicas calor y te produce una sensación desagradable, piensa que quizá no te conviene. Es muy típico ponerse calor porque se está muy agusto pero, si el dolor es por un proceso inflamatorio, en cuanto te quites el calor estarás peor. Si hay algo de daño en el nervio, el calor puede exacerbar el dolor.

Ante la duda, puedes alternar el frío y el calor

Si no tienes claro si el proceso que causa el dolor es inflamatorio o mecánico o neuropático, puedes hacer 2 cosas.

Una de ellas es no usar ni frío ni calor. Así no te expones a las posibles complicaciones.

Otra opción es alternarlos. Puedes ir poniendo uno y luego el otro, en turnos de, por ejemplo, 5-10 minutos. Así vas obteniendo los beneficios de los dos y obtienes un beneficio adicional: los vasos sanguíneos van dilatándose con el calor y contrayéndose con el frío y se produce una especie de gimnasia vascular que favorece el flujo de sangre.

Lo último son los medicamentos

Los medicamentos que combaten el dolor se llaman analgésicos. Hay muchos y pueden actuar en varios sitios. Algunos evitan la activación de los nociceptores. Otros bloquean la señal hasta el cerebro. Los hay que actúan en el cerebro directamente. Otros hacen varias cosas a la vez.

Casi todos ellos tienen efectos secundarios, algunos graves. Los hay que generan dependencia y adicción. Son frecuentes las interacciones de los analgésicos con otros medicamentos que pueden dejar de hacer efecto o tener un efecto excesivo. Algunas enfermedades pueden empeorar cuando los tomas. Por ello, al igual que en otras ocasiones, mi recomendación es consultar en tu centro de salud antes de consumir medicamentos.

Resumen

El dolor es un mecanismo de defensa que nos avisa de que algo en el cuerpo está roto o en peligro y pone en marcha mecanismos para evitar ese peligro y/o ayudar con las reparaciones que hagan falta si ha habido un daño. En ocasiones puede ser excesivo, demasiado débil o inapropiado. Para manejarlo, mi recomendación es lo siguiente:

  1. Busca una causa. Si no es evidente, estudia las características del dolor.
  2. Comprueba la tolerancia.
    • Si el dolor es bien tolerado es mejor dejarlo para que no nos olvidemos de que hay alguna parte del cuerpo deteriorada o en peligro. Cuando dura más de 1 semana conviene consultar a un profesional de la salud describiéndole las características del dolor.
    • Si el dolor no se tolera bien, toma medidas para combatirlo solamente hasta que se vuelva a tolerar. Hay varios recursos:
      • Suprime el origen de la agresión si es evidente y se puede.
      • Si ya ha habido un daño, deja quieta la zona afectada y, como norma general, haz reposo y descansa.
      • Mantén un buen estado de hidratación.
      • Mantén un buen estado de nutrición.
      • Haz ejercicio de forma regular.
      • Controla la ansiedad y el estrés.
      • Juega con la temperatura. Si hay mucho componente inflamatorio aplica frío seco en la zona dolorida en sesiones de al menos 20 minutos con cuidado de no quemarte y de que no se anestesie la zona. En cambio, si es un proceso más bien mecánico, aplica calor durante al menos 20 minutos con cuidado de no quemarte. Si no lo tienes claro o bien no pongas ninguno de los dos o bien altérnalos en ciclos de 5-10 minutos.
      • Pregunta en tu centro de salud qué medicamentos puedes tomar para el dolor.
  3. Si aparecen señales de alarma consulta con un profesional de la salud.

Espero que esta entrada haya sido útil sobre todo para entender qué es el dolor y cómo aparece. También para aprender las características en las que te debes fijar y para conocer las medidas generales que puedes usar. Recuerda que esta información no sustituye al consejo de un profesional de la salud.

Si te quedan dudas o hay algo que no haya explicado bien, dímelo en los comentarios.

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