Fiebre. Qué es y qué hacer con ella

La entrada de hoy trata sobre la fiebre, que es uno de los motivos de consulta más frecuentes, para saber cómo manejarla.

De nuevo, primero definiciones

La primera definición en relación con la fiebre es la de temperatura corporal. Es una medida de la energía interna que tiene nuestro cuerpo y que hace que sus moléculas vibren. Cuanto mayor es la energía interna, más vibran esas moléculas y mayor es la temperatura.

En este contexto, la unidad que vamos a usar es el grado centígrado (°C). Aunque es un poco técnico, os cuento cómo se define. Se considera que 0 °C se corresponde con la energía interna que tiene el agua justo en su punto de congelación al nivel del mar (por tanto, es la temperatura a la que el agua se congela). De otra parte, 100 °C se corresponde con la energía interna que tiene el agua justo en su punto de ebullición al nivel del mar (por tanto, es la temperatura a la que el agua hierve). Dividiendo ese intervalo en 100 partes es cómo se obtienen los grados centígrados.

Y ¿cómo se mide la temperatura corporal?

Pues, lo primero y, aunque parezca muy obvio, es que la temperatura se mide con un termómetro.

La mano no es un buen instrumento para medir la temperatura. A todos nos ha pasado alguna vez el haber tocado algo que nos parece frío y que a otra persona le parezca templado. Esto es porque la sensación de que algo está frío o caliente depende de nuestra propia temperatura. Si yo estoy muy frío, todo me parecerá más caliente de lo que está en realidad y puede darme la sensación de que una persona tiene la temperatura alta cuando en realidad no es así. Por eso, la temperatura siempre hay que medirla con termómetro.

Teniendo esto en cuenta, hay varios sitios en los que se puede medir la temperatura:

  • El recto. Es la más fiable, pero también es más incómoda y menos higiénica.
  • La boca. Es muy cómoda, pero implica meterse en la boca un termómetro que quizá tenga polvo o suciedad. Además, la temperatura puede alterarse si acabamos de tomar algo muy frío o muy caliente.
  • La axila. Es muy inestable, bastante incómoda y no es la más fiable. Sirve, sobre todo, para personas que están encamadas y poco colaboradoras en las que es un sitio de fácil acceso, siempre que no haya disponibilidad de otros métodos más modernos. La ingle puede ser un sustituto.
  • El oído. Es un sitio cómodo y se correlaciona bastante bien con la temperatura rectal. Mide la temperatura timpánica.
  • La frente/sien. Hoy en día hay termómetros que para medir la temperatura se apoyan en la frente o incluso que no hace falta más que acercarlos a la piel. Son los más cómodos y, aunque no son los más fiables, son lo suficientemente buenos para usarlos en casa.

Nuestro cuerpo necesita de una temperatura estable

Si el cuerpo fuese algo inerte reaccionaría con su alrededor hasta alcanzar un equilibrio de temperatura. Esto significa que, si estuviera más frío que su entorno, absorbería energía para subir su temperatura y, si estuviera más caliente, cedería energía para bajarla.

Sin embargo, existen mecanismos para regular la temperatura corporal

Hay una parte del sistema nervioso, en el cerebro, que va recibiendo información desde el resto del cuerpo y va actualizando continuamente el nivel de temperatura corporal según lo que estemos haciendo. Para conseguirlo, las células producen unas sustancias llamadas pirógenos (que significa, productores de fiebre). Estas sustancias van por la sangre y, cuando llegan al cerebro, le dicen que hace falta subir la temperatura corporal.

El cerebro, pues, se pone como objetivo una temperatura concreta y puede usar varias herramientas para conseguirla. Entre ellas están:

  • La intensidad del metabolismo para producir energía. Cuanto más activo esté el metabolismo, más energía se produce y más sube la temperatura.
  • Las ganas de abrigarte. Cuando hace falta subir la temperatura tu mente piensa en sitios donde estés más caliente y en ropa que te ayude a conservar el calor.
  • Las contracciones musculares. Cuando hace falta subir la temperatura, los músculos empiezan a temblar para producir energía. Es la llamada tiritona.
  • El nivel de sudor. El sudor ayuda a disipar energía, por lo que cuando hace falta bajar la temperatura, es posible que sudemos más.

Por lo tanto, hay dos factores a la hora de regular la temperatura corporal: el sistema de los pirógenos (que le pone al cerebro una temperatura fija, que es la que va a intentar conseguir) y los mecanismos de control de la temperatura (que son las herramientas que pone en marcha el cerebro según la temperatura que esté buscando).

Pongamos un ejemplo

Imagina que es invierno y quieres dar un paseo. En casa, tu cuerpo está aclimatado a la temperatura que haga allí. Cuando sales a la calle, como hace más frío y tu cuerpo está caliente, empiezas a perder temperatura. Las células comienzan a producir pirógenos, que viajan por la sangre hasta tu cerebro y le informan de que hay que subir la temperatura corporal. Te aprietas entonces el abrigo, tu metabolismo se activa para producir energía y es posible que tus músculos tiemblen para generar calor. Con ese tipo de mecanismos tu temperatura retorna al valor que tenía antes de salir.

Una vez que vuelves y entras de nuevo a casa, tu cuerpo está aclimatado al ambiente que había fuera. Como estás generando mucha energía porque fuera hacía frío, en seguida pasas a estar más caliente que tu entorno, con lo que tus células dejan de producir pirógenos y tu cerebro entiende que tiene que bajar la temperatura. Entonces es cuando te sobra el abrigo, tu metabolismo se relaja, dejas de temblar y, si el cambio es muy grande, quizá empieces a sudar. Con todo eso se consigue mantener la temperatura corporal estable.

Temperatura estable pero variable dentro de un intervalo

La temperatura corporal no es algo fijo. Va cambiando según lo que estemos haciendo. Si salimos a practicar ejercicio, necesitamos más energía y nuestra temperatura sube. Si nos vamos a dormir nuestra temperatura baja. Nuestro cerebro va recogiendo información del cuerpo constantemente y va decidiendo qué temperatura hace falta gracias al sistema de los pirógenos.

No es lo mismo estar en reposo que hacer ejercicio físico. Como tampoco es igual estar en ayunas o haciendo la digestión. Además, la temperatura depende de cosas como la cantidad de grasa o de músculo que tengamos. También influye nuestro estado psicológico, porque es diferente estar nervioso o estar tranquilo. En las mujeres se modifica según la fase de su ciclo menstrual en la que se encuentren. Por otro lado, hay una variación normal de la temperatura a lo largo del día, de forma que por la tarde puede ser hasta 0,5 °C más alta que por la mañana.

Como puedes ver, son muchos factores los que tiene en cuenta nuestro cerebro para decidir qué temperatura es la adecuada en cada caso.

Y, ¿qué pasa si todo ese proceso falla?

Pues eso depende de si lo que falla es el cerebro al decidir la temperatura a la que hay que llegar o si fallan o se agotan las herramientas para conseguirlo.

En este apartado es donde más palabrotas vas a ver porque es el más técnico. Pero no te asustes.

Cuando es cosa del cerebro

Como hemos visto antes el cerebro sabe la temperatura que hace falta según los pirógenos que le lleguen desde las células. El sistema de los pirógenos va moviendo la temperatura y a ese proceso lo vamos a llamar aquí pirexia.

La pirexia está cómoda cuando tiene que fijar la temperatura entre los 35 °C y los 39 °C.

Con mucho esfuerzo puede llegar a los 40 o 41 °C a costa de sintetizar muchísimos pirógenos y con un trabajo metabólico muy grande. Es raro que una persona sana sea capaz de llegar más allá de los 41,5 °C. Por eso, los 41,5 °C es un límite. Cuando el sistema de los pirógenos da lugar a una temperatura por encima de ese límite, lo más frecuente es que el cerebro esté respondiendo mal. Llamamos a esto hiperpirexia.

En el otro extremo, es muy raro que el organismo de una persona funcione bien por debajo de los 35 °C. Por eso, ese es otro límite. Cuando el sistema de los pirógenos da lugar a una temperatura por debajo de ese límite, hay que pensar que el cerebro no está funcionando bien. Vamos a llamar a esta situación hipopirexia.

Por lo tanto, cuando el sistema de los pirógenos da lugar a una temperatura corporal por debajo de los 35 °C o por encima de los 41,5 °C casi siempre significa que algo no va bien y, en general, se debe a alguna enfermedad. Cuando estemos dentro de esos límites hablaremos aquí de eupirexia, que es la situación de buen funcionamiento del centro del cerebro que controla la temperatura.

Cuando fallan o se agotan los mecanismos de control de la temperatura

Por otro lado, también hemos comentado que el organismo tiene varias herramientas para asegurarse de que se alcanza la temperatura corporal que dice el cerebro. Este proceso de activación o desactivación de estos mecanismos lo llamaremos aquí termia. La termia sirve para que haya un equilibrio entre la energía que producimos o que absorbemos y la energía que disipamos. Este equilibrio lo vamos a llamar eutermia.

Si producimos o absorbemos más energía de la que disipamos nuestra temperatura subirá. Esto se llama hipertermia.

Si disipamos más energía de la que absorbemos o producimos nuestra temperatura bajará. Cuando este desequilibrio baja la temperatura por debajo de los 35 °C hablamos de hipotermia.

Situación ideal

La mejor situación, por tanto, es cuando hay eupirexia y eutermia. Es decir, cuando el cerebro tiene como objetivo una temperatura corporal dentro de sus límites de buen funcionamiento (eupirexia) y, además, los mecanismos de control consiguen llegar a un equilibrio con el entorno (eutermia).

Pero, entonces, ¿qué temperatura es la adecuada?

Esta pregunta es muy difícil de responder

Pongamos un valor, por ejemplo, de 37,7 °C. ¿Eso es adecuado? Pues depende.

Si tu temperatura corporal en reposo habitual es de 36,5 °C, tener 37,7 °C es alto siempre que sigas en reposo, pero puede ser adecuada si estás haciendo ejercicio. En cambio, para alguien con una temperatura corporal en reposo de 37,2 °C, se puede llegar a los mismos 37,7 °C solamente con tener en cuenta que por la tarde la temperatura corporal sube, por lo que serían las dos adecuadas.

Como ves, decir 37,7 °C (o cualquier otro valor) de forma aislada es poco para saber si eso es adecuado o no.

Y, ¿cómo sabemos si la temperatura corporal es adecuada o alta?

Pues con un factor que es muy importante: una temperatura alta se acompaña de síntomas y signos. Es lo que se llama síndrome febril.

Este síndrome incluye malestar general, dolor de articulaciones, escalofríos con tiritona cuando la temperatura está subiendo, o sudoración y acaloramiento cuando está bajando. En general, asocia una cierta lentitud al hacer cosas o al procesar la información, a veces con dolor de cabeza. Da tendencia al sueño. Pueden subir la frecuencia cardiaca y la frecuencia respiratoria. Como puedes ver, muchos de esos síntomas no son más que los mecanismos normales de control de la temperatura.

En algunos casos pueden aparecer más cosas. Hay cerebros predispuestos para ello que, cuando sube la temperatura corporal, generan convulsiones. En pacientes mayores o en personas con enfermedades del sistema nervioso puede aparecer confusión, estupor o coma. A veces la tensión arterial baja y la frecuencia cardiaca, en vez de subir, se reduce. Todos estos son signos de alarma y siempre deben hacerte consultar con un profesional de la salud.

La temperatura corporal adecuada es aquella que cumple 2 condiciones: está entre 35 °C y 41,5 °C y no se acompaña de síndrome febril.

Cuando este síndrome aparece, la temperatura corporal, sea la que sea, es alta. El síndrome febril surge debido al esfuerzo del cuerpo para conseguir una temperatura corporal mayor de la que le es cómoda. Por eso, si hay síndrome febril, significa que la temperatura corporal ha subido y, por tanto, la temperatura adecuada para esa persona es más baja que la que haya en ese momento.

No obstante, lo más frecuente es que el síndrome febril aparezca a partir de los 38 °C. Puede darse en gente con 37 °C, pero no es lo más común. También es posible que no aparezca a pesar de temperaturas que parecen altas. No es raro ver a pacientes en edad infantil que no se inmutan con temperaturas de 38,0 °C o 38,5 °C.

El síndrome febril es requisito para la fiebre

La temperatura corporal, aunque parezca alta, si no se acompaña de síndrome febril, es porque el cuerpo ha decidido que es la adecuada. Piensa que tú no sabes en qué está trabajando tu sistema hormonal, ni tu sistema inmunitario, ni tu sistema nervioso. No hay pruebas que permitan saberlo, por lo que, si el centro de tu cerebro que se encarga de la temperatura corporal la sube y no hay síndrome febril, en principio piensa que es porque hace falta por algún motivo.

Es lo que ocurre cuando haces deporte. Hay personas que llegan a los 39 °C tras una sesión muy intensa de actividad física. Pero no hay síndrome febril, por lo que es una temperatura normal que, además, es necesaria para poder hacer esa actividad.

Lo más frecuente, sin embargo, es lo contrario. Es muy típico el bebé que es traído a la consulta porque un familiar le ha puesto el termómetro y tiene 38 °C. Muchas veces el bebé está perfectamente, jugando con el fonendo del pediatra, llorando si le metemos el palo en la boca, riendo si le hacemos cosquillas. Esos 38 °C son, por tanto, normales y no deben preocupar a nadie. En cambio, si se encontrara excesivamente somnoliento, quejicoso de más o poco reactivo, puede ser entonces que esos 38 °C sean efectivamente fiebre.

O sea que: fiebre = temperatura alta + síndrome febril, ¿no?

Casi. Pero no

Hemos comentado que hay una parte del cerebro que decide a qué temperatura corporal hay que llegar y que hay varios mecanismos para conseguirla. Cuando la temperatura corporal sube hasta el punto en que aparece el síndrome febril, hay dos posibilidades:

  • El cerebro ha decidido subir la temperatura corporal y el síndrome febril es el resultado del esfuerzo por mantenerla alta. Esto es la fiebre.
  • El cerebro quiere dejar a la temperatura corporal como estaba, pero son los mecanismos para mantenerla los que fallan o se agotan. Esto es la hipertermia. El ejemplo típico es el golpe de calor.

Ejemplo de fiebre

Imagina que comes una mayonesa en mal estado. Con ella, te comes una serie de bacterias que atacan a tu intestino. El sistema inmunitario lo detecta. Para poder poner en marcha todas las defensas hace falta subir la temperatura corporal. El sistema inmunitario sintetiza pirógenos, que llegan al cerebro y este entiende que hay que subir la temperatura. La sube, digamos, a 38,5 °C. Si tu temperatura habitual es, por ejemplo, de 36,5 °C, subirla a 38,5 °C durante mucho tiempo (a veces horas, a veces días), hará que aparezca el síndrome febril. La temperatura alta asociará malestar general, escalofríos cuando la temperatura suba, sudoración cuando baje, dolor de articulaciones, entre otros efectos. Te hará pensar un poco más despacio (quizá no te enteres bien de todo). Aparte, por supuesto, te dará diarrea y dolor de abdomen. Claramente podemos decir que los 38,5 °C son fiebre.

Ejemplo de hipertermia

Imagina ahora que te vas de senderismo con unos amigos. Parecía que iba a hacer frío y te pusiste ropa negra de manga larga. Luego, en cambio, hizo más calor del que pensabas. Además, calculaste mal y cogiste menos agua de la que necesitaste, con lo que no pudiste beber lo suficiente durante el recorrido.

En esta situación, el calor del sol, más la ropa negra hacen que tu temperatura suba. Como la hidratación es mala, no puedes sudar adecuadamente para enfriar el cuerpo. Tu cerebro no modifica la temperatura corporal que debe haber, pero como entra más energía de la que puedes disipar, la temperatura aumenta. Aparece un síndrome febril parecido al caso anterior, aunque más brusco. La temperatura suele ser más alta que con la fiebre. Los 39 °C o 40 °C no son raros. Casi siempre hay alteraciones del estado de consciencia tipo confusión o estupor.

La hipertermia es peligrosa. Siempre hay un antecedente de producción de energía excesiva (por ejemplo, un ejercicio demasiado intenso, exposición al sol o consumo de drogas) o de dificultad para disiparla (ropa oscura, falta de hidratación, medicinas que bloquean el sudor, etc.).

Por tanto: fiebre = temperatura alta decidida por el cerebro + síndrome febril

Así tal cual.

Temperatura alta a secas por supuesto que no es fiebre. Aunque la haya decidido el cerebro, si no hay síndrome febril no es fiebre. Tampoco es fiebre la temperatura alta porque fallan los mecanismos de regulación; eso es hipertermia.

Qué hacer cuando hay fiebre

Asegúrate de que es fiebre

Lo normal es que te hayas puesto el termómetro porque empiezas a notar el síndrome febril y quieres saber si la temperatura corporal está alta. Sin embargo, también hay personas que se ponen el termómetro aunque no tengan síntomas y, al verse cifras que consideran altas, van al centro de salud. Os recuerdo que pasamos a hablar de fiebre solamente cuando aparece el síndrome febril.

No odies a la fiebre

Como casi todo en el cuerpo, es un mecanismo normal que ayuda a mejorar su funcionamiento. En general, la gente está acostumbrada a que tener una temperatura corporal superior a 38°C es algo grave y, como hemos visto, eso no tiene porqué ser así.

Busca una causa

La fiebre aparece en general cuando el organismo se enfrenta a algún problema que necesita de una temperatura corporal más alta. Si se resuelve este problema, la fiebre deja de ser necesaria y desaparece. Lo más típico son las infecciones.

Busca síntomas o signos además de la fiebre, como dolor de oído, diarrea, malestar de garganta, etc. Pueden dar pistas de qué es lo que está pasando. Pero no hace falta obsesionarse. Si no aparece nada más que la fiebre puede ser que el proceso esté todavía muy al principio o, aún mejor, que tu cuerpo lo esté solucionando por sí mismo.

Es normal que la fiebre dure unos pocos días, aunque si se mantiene más de una semana es recomendable consultar en el centro de salud. En este caso, tu médico o tu médica querrá saber cosas como:

  • El momento de la fiebre: si aparece por la mañana o por la tarde, o en una época del año concreta o cada vez que realizas alguna actividad específica.
  • Cómo aparece y cómo se resuelve: si es de forma brusca o paulatina.
  • Las variaciones de la temperatura: si se mantiene constante, si está subiendo y bajando continuamente, si llega a desaparecer en algún momento.
  • Si se acompaña de otros síntomas: por ejemplo, vómitos, tiritona o dolor de cabeza.

Comprueba el nivel de tolerancia

Es lo más importante. Tolerar la fiebre significa estar cómodo con ella, que no altere el bienestar.

Hay pacientes con un síndrome febril evidente pero que no les molesta. Es lo que me pasa a mí cuando noto el síndrome febril, pero me pilla en un día que puedo permitirme estar reposando en la cama viendo la televisión. Es cierto que no podré salir a la calle a hacer deporte porque el síndrome febril me tendrá muy agotado, pero sí me dará para estar en la cama con un libro o jugando a la consola, por lo que la fiebre en este caso es bien tolerada.

En cambio, hay ocasiones en que la fiebre genera tal malestar que la persona no puede descansar o realizar actividades, por muy sencillas que sean. También hay veces que producen síntomas que ponen en peligro la salud, como dolores de cabeza muy intensos o taquicardias con una frecuencia cardiaca excesiva. En estos casos se dice que la fiebre no se tolera bien o que tiene mala tolerancia.

Recuerda que cuando hay fiebre el cuerpo está haciendo un esfuerzo y tiene que gastar más energía. Esa energía es normal que se la quite al apetito o al nivel de atención. Tener menos hambre de lo normal o estar mentalmente más lento de lo habitual es completamente normal y no significa que la fiebre no se esté tolerando bien.

Trata solamente la fiebre con mala tolerancia

Una fiebre que se tolera bien es mejor no tratarla. Eso no quita para que en tu centro de salud la estudien o te hagan pruebas si hace falta. Pero combatir una fiebre que es bien tolerada es innecesario. Independientemente de lo que marque el termómetro.

¿Independientemente de lo que marque el termómetro? Sí. Así como suena. Una fiebre con temperatura corporal de 39 °C no hace falta bajarla si se tolera bien. Un niño o una niña que está jugando a su consola a pesar de esa fiebre es porque tiene energía de sobra. Es cierto que es algo raro. Lo normal es que acaben apareciendo signos de malestar, aunque sea por agotamiento. Pero, si se da el caso, no hay que tenerle miedo a una fiebre con temperatura corporal alta si se tolera bien.

En cambio, hay personas que no toleran la fiebre de ninguna forma. Es el caso de algunos pacientes con arritmias, en los que la fiebre les aumenta la frecuencia cardiaca y dicha arritmia se descompensa. También son un ejemplo los niños y las niñas que convulsionan con la fiebre. En estos casos hay que bajar la temperatura corporal inmediatamente porque la fiebre puede ser un problema de salud en sí misma, aunque lo que la esté causando sea leve.

Baja la temperatura hasta el umbral de mala tolerancia

En cualquier caso, la fiebre hay que tratarla hasta que vuelve a tolerarse y no más. Si 38 °C no los tolero bien, pero 37,5 °C sí, no hace falta bajar a 36,5 °C. Basta con que me quede en el punto en que sí tolero la fiebre.

Esto no significa que debamos buscar el estar perfectos. Querer suprimir por completo todos los síntomas es excesivo. Recuerda que sentir algo de cansancio, cierta lentitud mental o falta de apetito es algo normal y no significa que la fiebre sea mal tolerada. Aunque molesto, es algo aceptable a cambio de dejar que nuestro organismo funcione correctamente.

Bajar la temperatura corporal cuando hay fiebre no hace que nos curemos antes, ni previene el que volvamos a poner enfermos. En general, el sistema inmunitario funciona mejor cuando la temperatura sube dentro de un límite no peligroso, por lo que bajarla de más sin motivo puede hacer que nos curemos peor. Insisto: hay que bajar la temperatura corporal hasta el punto de mala tolerancia, y no más.

Consulta si aparecen señales de alarma

Aunque el síndrome febril suele ser algo leve, hay algunas señales de alarma que deben hacerte consultar a un profesional de la salud.

En el caso de la fiebre hay que destacar las siguientes: convulsiones, alteraciones del estado de consciencia (confusión, estupor o coma) y frecuencia cardiaca o tensión arterial bajas. También cualquier otra que haya podido darte tu médico o médica o que a ti te genere dudas.

¿Cómo manejar la fiebre?

Lo primero son las medidas higiénico-dietéticas

Es importante la adecuación de la cantidad de actividad. El reposo o, al menos, la disminución de la actividad es clave para disminuir la producción de energía.

Un buen estado de nutrición y de hidratación es fundamental a la hora de mantener un buen control de la temperatura corporal. Esto puede ayudar a que la temperatura baje, pero sobre todo previene que aparezca y colabora para que haya una buena tolerancia. En este sentido, es muy importante estar en un peso saludable (https://branchina.com/mfyc/como-conseguir-o-mantener-un-peso-saludable/).

Las medidas físicas son también muy potentes

En el caso de la fiebre, no conviene ingerir alimentos fríos, pero sí evitar los alimentos calientes y cambiarlos por alimentos templados.

Hay que usar una cantidad de ropa adecuada. Aunque sentirás frío, conviene no ir excesivamente abrigados. Cuidado con excederse en este punto. No hay que abrigarse demasiado pero tampoco es apropiado llevar menos ropa de la que llevarías si no tuvieras fiebre.

Exponerte a un ambiente fresco facilita el intercambio de energía con el entorno y ayuda a bajar la temperatura corporal. Es el objetivo de los típicos paños mojados que se ponen en la frente. Puede hacer falta dar una ducha de agua fresca.

Antes era muy típico dar las friegas de alcohol, que consistían el rociar al paciente con alcohol y restregarlo con un paño; el alcohol, al evaporarse, ayudaba a enfriar el cuerpo. Hoy en día no se recomienda esta práctica, pues se ha visto que el alcohol evaporado puede absorberse a nivel respiratorio y el aplicado en el cuerpo puede absorberse por la piel. Todo ello puede generar daños en el sistema nervioso y en el hígado.

Por último, están los medicamentos

Los fármacos que bajan la fiebre se llaman antipiréticos. Van por la sangre hasta el cerebro y hacen lo contrario que los pirógenos. Con ello hacen ceder la fiebre.

Sin embargo, mi recomendación es consultar siempre en tu centro de salud antes de tomar medicamentos. Hay enfermedades que pueden empeorar al tomarlos y, si ya tomas alguno para otra cosa, pueden interaccionar entre sí y dejar de hacer efecto o incluso aparecer efectos secundarios.

No es mala idea preguntar a tu médico o tu médica qué medicamentos puedes tomar en caso de que te dé fiebre.

Lo que no debes utilizar son antibióticos. Los antibióticos no quitan la fiebre. Solamente sirven para matar bacterias, por lo que solamente debes usar antibióticos si tu médico o médica te diagnostica una infección bacteriana.

Resumen

La fiebre es cualquier temperatura corporal modificada por el cerebro que se acompaña de síndrome febril. Es un mecanismo de adaptación del cuerpo y no debe generar alarma en sí misma. Una vez que aparece, te recomiendo estos pasos:

  1. Busca una causa. Hay síntomas o signos que puedan dar pistas sobre el origen de la fiebre.
  2. Comprueba la tolerancia.
    • Si la fiebre se tolera bien no hace falta hacer nada. Aunque si dura más de una semana conviene acudir al centro de salud y contar todas las características de la fiebre.
    • Si la fiebre tiene mala tolerancia, toma medidas para bajar la temperatura hasta el nivel en que sí se tolera bien, y no más. Hay varios recursos:
      • Haz reposo o, al menos, reduce tu nivel de actividad.
      • Mantén un buen estado de nutrición y de hidratación. Estar en un peso saludable es un recurso preventivo.
      • Evita los alimentos calientes y cámbialos por alimentos templados.
      • Exponte a un ambiente fresco (que no frío) o aplícate sobre el cuerpo cosas que estén frescas (como un paño húmedo en la frente o una ducha de agua fresca). Evita las friegas de alcohol.
      • Pregunta en tu centro de salud qué medicamentos puedes tomar para la fiebre.
  3. Si aparecen señales de alarma consulta con un profesional de la salud.

Espero que esta entrada te haya servido para entender qué es la fiebre y qué hacer con ella. Recuerda que esta información no sustituye al consejo de un profesional de la salud.

¿Te queda alguna duda? ¿Hay algún otro tema del que quisieras que hablemos? Dímelo en los comentarios.

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